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Cultura

Poderosas voces femeninas. Por Florencia Eluchans

Poderosas voces femeninas. Por Florencia Eluchans

Me sorprende la explosión de voces femeninas en la literatura nacional. Durante los últimos años han nacido grandes escritoras locales. Me refiero a María Paz Rodríguez con su novela Mala Madre, Isabel Margarita Bustos con Jeidi y Carmen Gloria López con Fugitiva, por nombrar solo algunas.

 

¿De qué hablan estas mujeres? ¿Cuáles son los puntos que tenemos en común? Hablamos de experiencias de vida que estamos viviendo en el momento en que nos aprontamos a escribir o de experiencias pasadas. Hablamos de los vínculos afecti
vos que hemos creado en dichas etapas, de la complejidad en las relaciones familiares, de lo enormemente desafiante que nos resulta construir una vida en pareja y una familia armoniosa, del tiempo que se requiere invertir para establecer amistades duraderas. Creemos que en la calidad de los vínculos que establecemos está la verdadera realización del ser humano.

Y confiamos en que en esa realización humana está la felicidad. La ansiada felicidad. Entonces hablamos de esta búsqueda. Analizamos los vínculos que poseemos, añorando a ratos con que fueran diferentes, con que fueran, quizás, solo un poco mejores. Y aparece de manera inmediata la figura de la madre, la relación con ella, ese vínculo que a las mujeres nos determina la vida entera. Pienso entonces en Irene Nemirovsky, quien aborda en cada una de sus novelas la dificultosa relación que tuvo con su madre, una y otra vez. Así lo hace también nuestra escritora María Paz Rodríguez en Mala Madre, donde enfrenta con una honestidad fascinante el antes y el después en nuestras vidas al transformarnos en madres, el amor visceral que sentimos por nuestros hijos y el agobio incesante que esta responsabilidad nos genera. Jeidi y Fugitiva, a su vez, nos transportan a la vida de unas adolescentes. En Jeidi, una niña vive un embarazo sin entender el cómo ni el porqué.

Vive en la montaña con su abuelo, él es el único vínculo familiar que tiene y funciona también como un padre. Las inseparables amigas cumplen los roles de ser sus hermanas y madre. El abuelo y las amigas son su familia, su vida entera. En Fugitiva, por su lado, una adolescente huérfana sin vínculos directos ni relaciones que la protejan huye del demonio del Sename en busca de un padre desaparecido que la pueda salvar y de paso, quererla. Todas estas voces locales apelan a emociones relacionadas con vínculos conocidos por ellas. Vínculos que forman parte de episodios reales o fantasiosos en un periodo que se está viviendo en el presente o que ya pasó. Y que de cierta manera quisiéramos resucitar. Para poder tener otra oportunidad. Para vivir ese vínculo de otra manera. Es más fácil conectarnos con lo vivido, eso es lo que nos emociona. Porque tal como me dijo mi hijo José de cinco años, con esa ternura tan propia de él: “no quiero crecer, porque no sé cómo voy a ser”. Escribir sobre el futuro probablemente nos resulta más ajeno, porque el tipo de relaciones que tendremos y su profundidad nos son aún desconocidas y, por lo tanto, es mucho más difícil conectarnos con ellas.

 

La novela debut de Florencia Eluchans, Esa vida que imaginamos, que narra la historia de dos mujeres en épocas distintas, está ya disponible en librerías.

Créditos Autor: Florencia Eluchans

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